La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, encabezó una nueva ceremonia de juramento de abogadas y abogados. En su intervención, la autoridad vinculó el inicio del camino profesional con la conmemoración del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, destacando que el ejercicio legal conlleva una profunda responsabilidad humana hacia quienes acuden en busca de auxilio jurídico.
En su mensaje, la presidenta reflexionó sobre el rol ético de la profesión: “Hay, por ello, una forma de cuidado en el ejercicio responsable de la abogacía. Se manifiesta al estudiar los antecedentes con rigor, al preparar una defensa y al cumplir oportunamente una actuación. Un plazo que para el profesional letrado forma parte de su trabajo cotidiano puede representar, para quien depende de esa gestión, la oportunidad de hacer valer un derecho esencial para su vida. La diligencia adquiere así un significado humano preciso: nuestras omisiones pueden afectar la vida de alguien que ha debido confiar en nosotros”.
Asimismo, remarcó la importancia de la escucha y la comunicación oportuna frente a las preocupaciones de los representados, señalando que “la persona representada necesita que su abogado, su abogada, conozca el Derecho, pero también que escuche lo que para ella es importante, pues respetar sus decisiones es esencial. Para ello es necesario escuchar sus prioridades, pues una controversia puede afectar relaciones familiares, la continuidad de un trabajo o la tranquilidad de una persona de maneras que el expediente, por sí solo, no alcanza a mostrar”.
Al concluir, la presidenta Chevesich exhortó a las y los nuevos profesionales a honrar su juramento: “Nuevas abogadas y nuevos abogados: la comunidad que les ha conferido la investidura que desde hoy tienen, espera que este acto de confianza se traduzca en un servicio competente y honrado, de manera que cada persona que cuente con su asesoría o representación, encuentre una defensa diligente, una orientación comprensible y el respeto por sus decisiones, de manera tal que, con el paso de los años, puedan reconocer en su trabajo la fidelidad a la promesa que hoy realizan: haber ejercido la abogacía con lealtad y honradez, cuidando tanto los derechos de las personas como los principios y valores sociales que les han sido confiados”.