La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich Ruiz, presidió hoy —viernes 31 de julio de 2026— una especial ceremonia de juramento de abogadas y abogados con motivo de la conmemoración de los 150 años desde que el prócer nacional, el capitán de fragata don Arturo Prat Chacón, prestara su propio juramento ante esta misma institución en el año 1876.
A la ceremonia asistieron el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabatt; el comandante en Jefe de la Armada de Chile, Almirante Fernando Cabrera Salazar; autoridades del Alto Mando de la Armada de Chile; el Decano de Derecho de la Universidad de Chile, Pablo Ruiz-Tagle Vial; y el presidente del Colegio de Abogados, Ramiro Mendoza Zúñiga.
Durante su discurso, la ministra Chevesich propuso una aproximación distinta a la figura de Prat, desmarcándose del héroe militar y enfocándose en su dimensión humana y su coherencia interna y externa. "Hay personajes históricos cuya vida pública deslumbra, pero cuya intimidad, cuando llega a conocerse, termina por desmentir la imagen que la historia ha construido de ellos", advirtió la presidenta, agregando de inmediato que "con Arturo Prat ocurre exactamente lo contrario. Cuanto más nos acercamos a su vida privada, mayor es la admiración que despierta su vida pública".
La presidenta remarcó que las virtudes profesionales exigidas por la ley a los auxiliares de la administración de justicia no pueden disociarse de los afectos y del recto comportamiento personal. En ese sentido, puntualizó tres reflexiones cardinales extraídas del texto original de la máxima autoridad judicial: "El abogado que, hace ciento cincuenta años, juró desempeñar lealmente su profesión ante esta Corte, es el mismo esposo que escribe a Carmela con infinita ternura. El oficial disciplinado es el mismo padre que pregunta con ansiedad por la salud de Blanca. El servidor de la República es el mismo hombre que recuerda, uno por uno, a quienes forman parte de su familia. No existen dos Arturo Prat. Existe uno solo. Y acaso sea esa unidad moral la raíz profunda de su grandeza".
"La República necesita abogadas y abogados capaces de responder al desafío que entrañan la lealtad y la honradez que el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales erige en deberes esenciales del ejercicio profesional. Esas virtudes comprenden competencia, tenacidad, buena fe, rigor y lealtad en el trabajo cotidiano. Pero reclaman, además, algo todavía más profundo: integridad; una coherencia que se manifiesta en todas las dimensiones de la vida".
"Hace ciento cincuenta años juró un abogado. Tres años después murió un héroe. Pero entre uno y otro nunca hubo dos hombres distintos. Siempre fue el mismo Arturo Prat. Y quizá esa sea la definición más alta de la integridad".
"Que el paradigma del servidor digno de Arturo Prat les recuerde siempre que la verdadera grandeza del abogado, de la abogada, no reside únicamente en el talento con que ejerce el Derecho, sino en la coherencia con que vive sus convicciones. Sólo así contribuirán, genuinamente, al fortalecimiento del Estado de Derecho", concluyó.