La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, presidió una nueva ceremonia de juramento de abogados y abogadas, oportunidad en que reflexionó en torno a la memoria histórica y la ética profesional, con motivo de la conmemoración de la aprobación del Estatuto de Roma el 17 de julio de 1998.
A partir del análisis de la emblemática película Vencedores o vencidos (1961), que retrata la cooptación de la judicatura bajo el régimen nazi, la ministra advirtió sobre los peligros de que las leyes se distancien de la justicia. “Las mayores tragedias jurídicas de la historia no comenzaron con los campos de exterminio ni con los conflictos armados. Comenzaron mucho antes, cuando algunos juristas renunciaron, gradualmente, a la independencia de su juicio, aceptando que la ley podía separarse de la justicia”, señaló.
Asimismo, relevó la vigencia de los principios que dieron origen a la Corte Penal Internacional y cómo su éxito descansa, primeramente, en las judicaturas locales e independientes de cada Estado. Al respecto, enfatizó que “la justicia internacional comienza siempre en la justicia doméstica. El respeto por la dignidad humana no depende exclusivamente de tribunales internacionales, sino, antes que nada, del trabajo cotidiano de judicaturas independientes, fiscalías responsables, defensores comprometidos y abogados que ejercen su profesión con integridad”.
"El Preámbulo del Estatuto de Roma comienza con palabras que conservan hoy toda su fuerza moral. Reconoce que, durante el siglo pasado, millones de niños, mujeres y hombres fueron víctimas de atrocidades que desafían la imaginación y conmueven profundamente la conciencia de la humanidad. Y, a partir de esa constatación, proclama un compromiso que constituye uno de los principios fundamentales del derecho internacional contemporáneo: los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional no deben quedar sin castigo", destacó.
Finalmente, la presidenta Chevesich recalcó a las nuevas abogadas y abogados la alta responsabilidad que asumen con su juramento en la práctica diaria de la profesión. “El compromiso con la justicia comienza en cada escrito presentado con lealtad; en cada consejo jurídico emitido con honestidad; en cada defensa ejercida con respeto al debido proceso; en cada ocasión en que un abogado o abogada decide que el derecho debe servir a las personas y no al poder”.