La presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, reflexionó en el valor indispensable de la libertad de prensa dentro del sistema democrático, así como en los rigurosos desafíos éticos y procesales que impone la era de la posverdad en el ejercicio del Derecho.
La máxima autoridad del Poder Judicial encabezó un nuevo juramento de abogados y abogadas, destacando que en tiempos donde las causas judiciales trascienden las salas de audiencias para instalarse en las plataformas digitales, la magistratura y la abogacía deben actuar con estricta prudencia y apego a la legalidad: “la justicia no se administra por aplausómetro ni la verdad procesal depende del volumen del micrófono”, resaltó.
“El buen abogado, la buena abogada, puede explicar y defender públicamente los derechos de la persona que representa, pero debe hacerlo con prudencia, sin afectar la honra de terceros, sin presionar a los tribunales y sin olvidar que la dignidad de las personas no se suspende porque una cámara esté encendida”, explicó.
Durante su discurso, la presidenta Chevesich profundizó en cómo la inmediatez tecnológica y las corrientes de opinión pública tensionan los procesos tradicionales de los tribunales. Subrayó que, si bien una prensa libre cumple el rol indispensable de fiscalizar al poder y denunciar abusos, los profesionales del Derecho y la judicatura tienen la alta responsabilidad de no dejarse arrastrar por el clima comunicacional, velando siempre por las garantías fundamentales, el secreto profesional y la presunción de inocencia.
La autoridad también se refirió a los procesos informativos en base al consumo de redes sociales: “En tiempos de redes sociales, donde las opiniones se emiten con la velocidad con que antes se pedía un café, el Derecho debe mantener un equilibrio delicado: la libertad de expresión no es licencia para la irresponsabilidad, pero la responsabilidad tampoco puede transformarse en censura disfrazada. No hay censura previa, pero sí responsabilidad posterior por los delitos y abusos que se cometan en el ejercicio de estas libertades”, expresó.
“Debemos aprender a convivir con la incomodidad propia de la coexistencia de opiniones diversas, incluso de aquellas que nos interpelan. La libertad de prensa, como todas las libertades importantes, está pensada para las horas intranquilas: para las preguntas difíciles, las investigaciones molestas y las noticias que preferiríamos no leer”, concluyó.
Al cierre de la ceremonia, la presidenta felicitó a los nuevos juramentados, así como a sus familiares y profesores, invitándolos formalmente a contribuir activamente en una cultura pública donde la información sea rigurosa, la crítica legítima y el compromiso con la justicia inquebrantable.