Una reflexión sobre cómo la abogacía dialoga con los valores que evoca la Semana Santa, fue el tema al que se refirió la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, en su tradicional discurso dirigido a los 80 postulantes que juraron como abogados y abogadas.
“Más allá de su raíz en la tradición cristiana, la Semana Santa es en su esencia un rito que invita a detenerse y a preguntarse por el sentido último de nuestras acciones. El derecho no es ajeno a esta lógica”, dijo la presidenta del máximo tribunal.
Añadió que, en su estructura más profunda, “el derecho no se agota en reglas, sino que se funda en principios que orientan la interpretación y aplicación de las normas, permitiendo que no se transforme en un ejercicio formal, sino en un instrumento al servicio de la justicia”.
“Valores como la integridad, encuentra su correlato en el principio de probidad; la compasión, se expresa en la capacidad de reconocer al otro en su dignidad y se proyecta en el principio de igualdad; la responsabilidad, por su parte, tiene una expresión directa en la imputabilidad jurídica; el sacrificio puede ser comprendido como la disposición a subordinar intereses particulares en favor del bien común; la renovación puede ser leída como una invitación a la evolución del derecho mismo; la esperanza, se traduce en la confianza en el derecho como herramienta de corrección, reparación y restitución de equilibrios” señaló la presidenta de la Corte Suprema.
En su mensaje a los nuevos profesionales, la ministra indicó que no se trata de confundir planos, “sino de reconocer que ambos —el ético y el jurídico— comparten una misma preocupación: la construcción de una vida en común fundada en el respeto, la justicia y la dignidad”.
“Este compromiso se sostiene en una convicción central: que el derecho, para ser verdaderamente justo, debe estar animado por valores. Que la ley, sin ética, corre el riesgo de vaciarse de sentido. Y que la abogacía, sin consciencia, se reduce a una ritualidad desprovista de humanidad” concluyó.