La relación entre el derecho y teatro fue el tema al que se refirió la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, con motivo de una nueva ceremonia en que ochenta postulantes prestaron juramento como abogados y abogadas.
En el contexto del Día Mundial del Teatro, la magistrada recordó que, desde sus orígenes, el escenario “era un espejo de las polis; un lugar donde los conflictos individuales adquirían dimensión pública y donde la palabra buscaba persuadir, conmover y, en ocasiones, interpelar las propias bases del orden social”.
Desde esa perspectiva, la presidenta Chevesich señaló que, si bien el proceso judicial es de cierta forma un espacio de representación, hay una distinción con el teatro. “La abogacía se sustenta en un deber radical de fidelidad a la verdad, al derecho y a la justicia. La abogada, el abogado, no actúa un papel; no puede refugiarse en la lógica de la interpretación escénica para justificar sus palabras”.
“El juramento o promesa que hoy han prestado les exige asumir que el lenguaje jurídico no es neutro ni inocuo. Las palabras, en el derecho, crean realidades, afectan derechos, definen destinos” subrayó la máxima autoridad judicial a los nuevos profesionales.
“El teatro nos recuerda la potencia de la palabra para representar la condición humana, el derecho nos impone la obligación de emplearla para servir a la justicia. Si en el escenario la verosimilitud basta, en el tribunal se exige verdad; si en la escena la emoción puede prevalecer, en el proceso se equilibra con la razón; si el actor interpreta, el abogado responde”, indicó la presidenta.
Finalmente, Gloria Ana Chevesich dijo que el ejercicio de la abogacía trasciende lo técnico y se transforma en vocación. Porque cuando la razón y la creatividad se encuentran en equilibrio, no solo se construyen argumentos sólidos, sino también actos de justicia que reflejan integridad, sensibilidad y compromiso genuino con los demás”.